jueves, 26 de marzo de 2026

La historia del puente del dragón y el castillo de Alcalar de guadaira

 

      HISTORIA DEL PUENTE DEL DRAGON Y EL CASTILLO DE        ALCALAR DE GUADAIRA

     Existe en al Calar de Guadaira un puente en forma de dragón  que seguramente has cruzado en coche si has pasado por esta localidad.

    Sin embargo seguramente no sepas la leyenda que esconde este puente y que nos traslada a un tiempo en que los almohades aun dominaban Andalucía y una familia real mora habitaba el famoso castillo de Alcalá.

     La débil salud de la reina la había hecho abandonar Sevilla y refugiarse en el castillo de Alcalá  junto a sus tres hijos pequeños, a la espera de que el sol, el aire fresco, el agua pura y el rico pan de Alcalá la ayudasen a curarse de sus males.

     Yacub era el más pequeño de sus hijos pero también el más valien. Armado con una espada de madera jugaba con sus hermanos mayores, imaginando que eran uno de los guardianes del castillo.

    Un día, su padre regreso tras meses de guerra en Portugal, y trajo valiosos regalos para sus hijos. A Yusuf, el mayor le regalo un caballo blanco, rápido como el viento y tan fiel como el mejor de los compañeros. A Mohamed, el mediano “le regalo un libro, con los saberes de los Griegos y los Egipcios, y a Yacub el pequeño, le trajo el más exótico de los regalos un huevo de dragón.

    Lo había conseguido al vencer a unos piratas y contaban que era un amuleto mágico que le daba a su portador la fuerza y agilidad de los Dragones.

     La madre de Yacub le recomendó guardarlo en su habitación, pero Yacub sabia por una vieja esclava normanda llamada Sigrid, que el mejor lugar para un huevo de dragón era una cueva abrigada. Así que llevo el huevo al sótano del castillo y lo guardo en una mina por donde corría el agua todos los días Yacub acudía junto al huevo de dragón y lo abrazaba para darle calor, Tras varias semanas así, una mañana, tras una noche de luna nueva, Yacub acudió junto a su huevo, pero lo encontró roto. Tanteando en la oscuridad, toco algo frio y viscoso, que temblaba al contasto de su mano. Cuando acerco una antorcha contemplo un minúsculo Dragón verde que tenía una pequeña cresta, unas diminutas patitas chiquitas  que terminaba en afiladas garras.

     Yacub no le conto a nadie lo que había ocurrido. Temía que la gente tuviese miedo del dragón y le hicieran daño. Así que lo dejo dentro de la gruta y  todos los días iba alimentarlo. Sigrid la vieja esclava le había dicho que unos dragones recién nacidos eran tan débiles como cualquier  cachorro, así que Yacub le daba leche y pequeños trozos de pan de Alcalá que mojaba en ella, así el dragón fue creciendo y haciéndose más fuerte.

    El dragón mantuvo su color verde hasta que un día Yacub bajo a enseñarle un rubí rojo que su madre le había regalado. Para su sorpresa, el dragón al ver el rubí  sonrió de placer y en su lomo aparecieron varios círculos tan rojo como el rubí.

   Sorprendido por el descubrimiento, Yacub comenzó a enseñarle más joyas y el dragón fue adoptando el color de todas ellas, el verde de la esmeralda, el azul de los zafiros, el amarillo del oro y el blanco puro de las perlas.

     Pasaron varios años y una noche que Yacub bajo para ver a su amigo no lo encontró. Busco por toda la cueva y acabo llegando a un resquicio por el que se colaba la luz de las estrellas. Salió al exterior y, de repente, se sintió alzado por una fuerza misteriosa. Cuando se quiso dar cuenta estaba encima del lomo del dragón y este había estirado sus alas y alzado el vuelo. Volaron por encima del castillo y de la ciudad de Alcalá, y tanto le gusto la experiencia que cada noche repetían el vuelo surcando las nubes y volando a ras del suelo sobre el rio Guadaira.

     Sin embargo un día, su madre que ya se encontraba mucho mejor de salud, decidió que ya era hora de regresar a Sevilla.

     Sus hijos ya eran mayores y debían ayudar a su padre en la corte real. Yacub bajo a despedirse de su amigo porque sabía que no podría llevarlo oculto a la capital.  La reina decidió que partirían de noche para evitar los peligros del camino. Yacub y sus hermanos integraban la guardia que protegía la marcha.

    Sin embargo al llegar al puente romano que cruzaba el rio un grupo de bandidos le cerró el paso Yacub saco su espada, pero los bandidos eran más que ellos y más fuertes. Cuando el jefe de los bandidos  se acerco a donde estaban él y su madre, blandiendo su espada para acabar con ellos. Una sombra gigantesca tapo la luz de la luna, y una cortina de fuego lo tapo todo. Si el dragón había acudido al rescate de su amigo.

    Al instante todos los bandidos huyeron despavoridos, ante la atónita mirada de la madre y los hermanos de Yacub. Si embargo ahora tenían otro problema: el único puente que cruzaba el rio y llevaba a Sevilla estaba en llamas. “Nos os preocupéis yo hare de puente “dijo el dragón y estirando su enorme cuerpo salvo la distancia que había entre ambas orillas. La comitiva cruzo tranquilamente sobre su lomo y ya al, otro lado Yacub quiso llevarse con ellos a su amigo. Pero su madre le dijo que Sevilla no era lugar para el porqué no había grutas donde pudiera descansar” Mejor que se quede en Alcalá protegiendo el castillo y la ciudad”.

    Yacub con lágrimas en los ojos, comprendió que debía despedirse de su amigo. “Quédate aquí y guarda mi regreso” le dijo antes de irse. Y desde entonces el dragón continúa reposando en las grutas y cuevas que hay debajo del castillo esperando el regreso de su amigo, mientras vigila que Alcalá y sus habitantes estén tranquilos y seguros.

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